miércoles, 22 de mayo de 2013

Delirium

Suena el reloj. Dos campanadas. Fácil adivinar la hora que es.
Está oscuro.
No solo en la habitación, sino en todas partes. En todas las partes de ella y en todas las del mundo, aunque no sea para nada cierto.
Ahora mismo en Canadá es de día, y ella tampoco está sumida en lo negro y profundo de la noche. Mientras escribe, su cara está iluminada por la luz del móvil.
Da igual, no puede dormir. Es una de esas noches en las que te da por pensar.
¡Y qué molestas son esas noches!
Con sus sombras acechando, sus feas caras y frías manos.
Para cada par de manos frías hay unas calientes.
Eso a veces la hace llorar.
A veces llora. Y a veces ríe. Y mucho. Ambas en abundancia.
Pasa el tiempo. ¿O tal vez no? Imposible que sean las dos aún. Ha pasado largo rato desde que sonara el reloj del salón.
Sin embargo es tan relativo eso del tiempo... ¿Qué es? ¿Para qué sirve? ¿Realmente beneficia a alguien?
Lo dudo. ¡Que lo quiten! No me gusta. ¡Ya no quiero jugar más a eso!

Y sigue siendo de noche. Y sigue estando oscuro. Y sigue haciendo frío aunque sea casi junio.

Y el tiempo sigue pasando. Para todos a la misma velocidad.
Aunque rara vez lo percibimos de la misma forma.

Se arriesga, mira el reloj.
Las 02:04

Los delirios que parecen durar horas, a veces apenas nos roban unos simples minutos.


R

No hay comentarios:

Publicar un comentario